Restaurante Casamar: como flor de Amaranto*



Si has llegado aquí buscando una opinión sobre el Restaurante Casamar vas a poder leerla enseguida. Déjame decirte antes, por eso, que llegar al Casamar de Llafranc (Girona) un día laborable a principios de Junio es muy distinto que pretenderlo en un soleado fin de semana o en plena temporada alta. Nosotros nos decidimos por un plácido miércoles por la noche, sin apenas turistas ni visitantes de segunda residencia. Vamos, aparcamos justo delante del local.

Hotel Restaurante CasamarHabitación 102 del Casamar

Casamar, aparte de restaurante estrellado por la Guía Michelin, también es una pequeña y modesta residencia turística. Como mi compañero de mesa tenía confianza con María –actual gerente y Maître de segunda generación del Casamar –pedimos ver un par de habitaciones por si un día alargamos la estancia. Por 95€ la noche pídete la nº 102 y te sentirás como una reina. Desde la almohada podrás observar la bahía de Llafranc en primer término y sin interferencia visual alguna.

Desde el exterior, el edificio no promete. Al contrario, se trata de una típica construcción costera del siglo pasado: funcional y sin encanto. Ahora bien, traspasada la puerta principal acristalada te adentras en un espacio modernizado, formal, de líneas rectas, con predominio de blancos y contrastes marrones. Te darás cuenta enseguida que si en el Casamar del siglo pasado se servían manitas de cerdo guisados, ahora probablemente sean deshuesadas y mucho más conceptuales.

Lámparas con grandes pantallas en color marrón decoran generosas mesas cubiertas por amplios manteles blancos, vajilla neutra, cristalería a juego y cubertería reluciente. La disposición de las mesas y la distancia entre las mismas salvaguardan la privacidad e intimidad de los comensales. En una de las esquinas se distinguía una enorme estantería con decenas de vinos. Desde fuera no prometía, pero dentro el Restaurante Casamar no deja margen a la improvisación. Está todo pensado. Se percibe pasión y solera en un negocio familiar de casi sesenta años.

No te impacientes, lo sé, estás considerando el Casamar no por su puesta en escena, sino por su comida. Aunque todo influye en la percepción de valor, aquí va entonces la opinión de Manitas de Cerdo sobre lo más relevante: volvería al Casamar aunque solo sea para probar de nuevo el pan de aceitunas y romero en forma de magdalena; un punto y aparte para un amante del pan como yo.

En nuestra mesa se tomaron además los Wantán rellenos de verdura y pescado (dicen que excelentes; mi dieta no me lo permite), la ensalada de mezclum, tallarines de espárragos y vinagreta de miso (creativo el tallarín de espárrago, sin punta la vinagreta), las manitas de cerdo deshuesadas con “calçots, espardenyes i ceps” (buenos), pescado Dentón al horno con verduritas (impresionante), copa de yogurt con limón (correcto), Tatín de manzana (diferente). Todo regado con un Radix Syrah Rosé (calidad suprema que justificaría dormir arriba) y sobremesa enriquecida con un excelente Rooibos, ideal como antihistamínico natural para esta época de polen.

Si tuviera que definir con pocas palabras la cocina del Casamar utilizaría el término ‘prometedor’. Se percibe esfuerzo, excelente calidad y una tímida incursión a la creatividad. Eché en falta un poco más de atrevimiento y una definición más evidente de la propuesta de sabores. En mi opinión, lo más arriesgado con los jueces de Michelin es no jerarquizar la experiencia gustativa que dan el verdadero carácter a una cocina. Es como me dijo un día una amiga decoradora: la armonía no se consigue combinando simplemente elementos afines, sino creando una jerarquía visual. Si te fijas bien en el interiorismo del Restaurante Casamar, esa jerarquía está presente.

Sin dudarlo llevaría al Casamar a un cliente, unos amigos, un gourmet, mi amada, incluso mis niños o todos juntos. El servicio es profesional, discreto, digno de Michelin. La ubicación es privilegiada y única.

¿Precio? 57€/pax todo incluido. Los vinos están a un precio casi de bodega, razón adicional para reservar esa noche. Si aún no estás convencido en quedarte a dormir, decirte que de retorno a casa me dieron el alto los ‘Mossos’ para someterme a un control de alcoholemia, aunque sin éxito para su bolsillo. ¡No hay como ser responsable!

Si estás por la zona, no te pierdas el Restaurante Casamar. Si no puedes ir y quieres escuchar como lo he percibido, así es como suena.

Restaurante Casamar, Carrer de Neró 3, Llafranc (Girona). Tf. 972 30 01 04

(*) La flor de Amaranto también se conoce como la flor de la inmortalidad, porque no se marchita, como el Casamar. Por cierto, sabe a remolacha ;-)

PD para María: urgente invertir en una versión móvil de vuestro site. Resulta imposible navegar por el actual ni con un S3 de Samsung.

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