Unos los tienen a la izquierda; otros a la derecha



Agradable sorpresa, como no podía ser de otra forma. El restaurante Can Major de Montmeló (Barcelona) suele recibir alguna que otra visita del chef Martí Rosàs; no sería por casualidad.

Por fin algo nuevo en mi estresada vida de publicitario. El restaurante se alcanza a pie en dos minutos desde la estación de Renfe de Montmeló.

Asimetría¿Ves la diferencia?

Desplazarse no es viajar

Paso por esta población prácticamente cada día. El inconveniente es que lo hago a 130 km por hora y sentado en un vagón del Catalunya Express. Además, la reivindicaciones de los vecinos, probablemente hartos del ruido, han logrado el soterramiento de las vías y ahora, pasando en tren, ni siquiera se aprecia el pueblo.

Un viaje no debería consistir en llegar simplemente a un destino. Es así como se pierde la riqueza de los sitios atravesados. Precisamente el restaurante de Can Major es una de esas joyas locales que si no te detienes, ni lo sabrás ni lo conocerás nunca.

Menú ilusionante por 17€

En días laborables y a mediodía ofrecen únicamente una carta de menú. El cliente puede elegir entre cinco primeros y otros tantos platos principales, todos elaborados con filosofía Slow Food y producto km0. La proporción de opciones bajas en grasas saturadas está en línea con lo expuesto hace unos días en Manitas de Cerdo, aunque por debajo de mi particular cruzada y reivindicación.

Eso sí, lo elegido responde a la promesa de las hermanas Anna Mª Tengo (Chef) y Sarai Tengo (Sommelier): los platos transmiten ilusión. Y todavía responden con mayor claridad a su objetivo de máxima calidad a precios razonables: una cervecita, mi Vichy del alma, dos copas de vino, dos menús elaborados y dos rooibos con vainilla no llegaron ni a la suma de cuarenta Euros.

Gallo o lenguado

Sólo me quedó una pequeña duda. Había elegido Gallo de segundo y me creía haber comido un lenguado. Estaba confundido y ajetreado en una importante conversación, por lo que iba aplazando plantear mi duda a la Sommelier que en ese momento hacía de maître, camarera y encargada de sala. El servicio era tan imperceptible y eficiente que resultaba difícil hacer coincidir una pausa en la conversación con su fugaz presencia en la mesa.

Así que volví a Barcelona sin resolver la duda. He aquí la solución: el gallo tiene los ojos a la izquierda, mientras que el lenguado los tiene a la derecha. Nacen con simetría lateral, pero de adultos –un poco como nosotros –adquieren un aspecto asimétrico. Ahora sé que soy un ignorante adulto con asimetría lateral física y psíquica. Cruzo Montmeló por un túnel a diario, desconocía Can Major de las hermanas Tengo y no distingo un lenguado de un gallo.

Restaurante Can Major, c/Major 27 (Montmeló). Tf. 93 568 02 80

Foto: Kangrex

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